

Para anidar prefieren cualquier hueco en los tejados de los edificios, tapias y fachadas construidas con cantería siempre que dejen huecos y cobijos entre las piedras.
Y aunque son fáciles de ver y de relativa abundancia, sus poblaciones están en franca regresión debido a la mala práctica, cada vez más extendida, que se ceba en la destrucción de sus nidos. Porque la suciedad propia de la crianza se resuelve con un escobazo que arruina las puestas, cuando sería más fácil emplear el esfuerzo y la escoba en limpiar la pared y no en destruir las camadas de estos pájaros que tanto nos ayudan.
La última fotografía de esta entrada está obtenida hace un par de días en el convento de Kristobaldegi (Concepcionistas franciscanas), en Txomin Enea, entre los barrios de Loiola y Martutene, en Donostia. Sin comentarios.

vaya con el convento.... a Dios rogando y con el mazo dando
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